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Las historias

Publicada en El Tiempo el 2 de junio de 2026

Escribo a unas horas de conocer los resultados de las elecciones del domingo.

El domingo, al votar, sentí tristeza por cuenta de la forma en la que se viene desenvolviendo la contienda política colombiana. Por estos días me acordaba de los días de elecciones de mi infancia, cuando salíamos a acompañar a los grandes a votar, con banderas rojas o azules, cantando a voz en cuello consignas por nuestros candidatos. Todo parecía más simple, pero en ese rojo y azul y azul y rojo se estaba cocinando el presente.

En el momento de votar, pensé que estamos votando no por candidatos, sino por historias. Por la historia que mejor nos representa. Por las historias que nos cuentan o nos contamos para justificar nuestro voto.

Un hombre que después de haber construido una vida exitosa y hecho fortuna en otra parte regresa al país para arreglar lo que otros no han podido. Es el hombre fuerte. Su vida es la aspiracional de muchos, incluida la familia de tradición conservadora y el poder que le permite estar por encima de las normas sociales. No ha gobernado nunca, pero cómo poner en duda que lo hará bien, si tiene lo que se necesita: la capacidad para tomar decisiones urgentes sin que lo pare nada.

Un hombre cercano del pueblo, que ha sido víctima directa de la violencia, y ha dedicado su vida a trabajar por la paz. Un hombre íntegro, prudente, defensor de la justicia social, siempre del lado de los más desafortunados. Su llegada a la presidencia es la posibilidad de reivindicación de la parte de la sociedad que ha sido históricamente invisible. No ha gobernado nunca, pero cómo poner en duda que lo hará bien, si lo que ha hecho falta es tiempo para terminar de materializar los cambios que ya están en marcha. Podrá hacerlo, porque tiene la voluntad y es más ordenado.

Espero que este clamor por soluciones palpables, que no son prioridades disyuntas, llegue claro a los oídos del que será nuestro próximo presidente.

Estas son las historias ganadoras de la primera vuelta.

También está la historia de la mujer educada y juiciosa, que conformaría un equipo de gobierno técnico e incluso si no lo consiguiera, no importa, porque igual tendría lo necesario para contener el desastre que deja la izquierda. No ha gobernado nunca, pero estaría bien acompañada. Es la historia que no caló, porque para una parte del electorado la historia complementaria de una persona que respeta la diferencia y que invitó a un hombre gay como fórmula vicepresidencial resta en cambio de sumar. Tampoco sumó la historia de una primera mujer presidenta de Colombia como un paso adelante.

Ni hablo de las historias que enredaron las candidaturas de los situados más al centro, entre los extremos que concentraron el voto.

Cada historia, por supuesto, va condimentada por nuestros miedos personales y colectivos. Jonathan Haidt, este psicólogo, profesor universitario, cuyo trabajo me encanta, dice que elegimos visceralmente y luego racionalizamos. Lo dice con respecto a las decisiones morales, cuando elegimos entre lo que nos parece bien o mal. Sospecho que los votantes colombianos no estamos lejos de ese lugar en las presidenciales. La temperatura de las conversaciones que estamos teniendo es agotadora.

Pero vean que, si mal que bien acierto con las historias que me atrevo a imaginar, las tres (y las dos ganadoras) hablan de un electorado con hambre de un gobierno que solucione –al menos eso nos une–. Para unos tal vez lo urgente es contener las crisis de la economía y la seguridad. Para otros, que se den pasos ciertos para lograr una sociedad más igualitaria y más justa. Ningún lado de la ciudadanía se atrevería a pensar que el reclamo del otro lado no importa.

Espero que este clamor por soluciones palpables, que no son prioridades disyuntas, llegue claro a los oídos del que será nuestro próximo presidente. Y que tenga la pausa para pensar con cuidado en las tuercas que hay que mover para darle a la ciudadanía las soluciones que pide a gritos. Sobre eso tendría que ser la conversación que sigue.

* Directora ejecutiva de Fedesarrollo.

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