La persona número 10
Publicada en El Tiempo el 7 de septiembre de 2026
Guerra mundial Z es una película posapocalíptica de zombis que protagoniza Brad Pitt, entretenida y no mucho más. Pero hay una escena que cuenta algo que me parece fascinante. Es una conversación corta entre el héroe de la película y un agente de la Mossad sobre la regla del décimo hombre, una regla (ficticia) del gobierno israelí. Según esta regla, si nueve hombres en la cúpula del gobierno coinciden en su visión sobre un asunto de Estado, debe haber un décimo hombre a quien se obliga a defender la posición contraria. El décimo hombre no toma posición a la ligera: asume la tarea de investigar para encontrar la evidencia que demuestre que la posición de los primeros nueve está errada. Así, la verdad se construye no a partir de la certeza, sino de la duda.
Las películas a veces se parecen a la vida. Pero a veces también sería bueno que la vida se pareciera a las películas. Esta figura del contradictor de alto nivel en el servicio público y, en general, en los círculos de poder nos habría hecho bien en el pasado y nos haría bien en el presente y hacia adelante. No sé si es la ambición, un instinto de autoprotección o una forma extraña de respeto lo que, ante el poder, con tanta frecuencia nos hace evitar confrontaciones que serían necesarias.
¿Quién, de su círculo cercano, se atreve a cuestionar la visión o las decisiones de un poderoso? ¿Cuál poderoso invita a que eso ocurra? Estoy segura de que algunos. Pero vivimos en tiempos polarizados en los que, tanto en lo público como en lo privado, se premia la lealtad a una idea, a una causa o a una persona, y se castiga y se desprecia la disidencia. Ha pasado con gobiernos de todos los signos y pasa en organizaciones de toda índole. Y venimos plegándonos con demasiada frecuencia a arreglos en los que los valores individuales, el pensamiento independiente y nuestra humanidad se van desdibujando. Hay que tener cuidado. Porque después de abrir la mano una vez, es difícil volver a cerrarla.
La regla del décimo hombre es una idea poderosa porque redefine la lealtad. El décimo hombre no es el enemigo del grupo, sino su miembro más leal. Sirve para proteger del error. Como rol asignado, es genial porque elimina de plano la dificultad que implica disentir. Un experimento famoso del psicólogo Solomon Asch que lleva su nombre muestra que enfrentados a un grupo (de actores) que sostiene una afirmación a todas luces falsa, el 37 por ciento de los participantes se conforman y adoptan el error de la mayoría. Solo el 25 por ciento consigue mantenerse sistemáticamente en su propia respuesta. Así somos de frágiles los seres humanos. Nuestra naturaleza es acomodarnos para no incomodar.
Por lo mismo, hay que acordarse siempre del valor que tiene el disenso en cualquier proceso de decisión, más cuando se trata de decisiones grandes que pueden afectar el rumbo de la sociedad. Y de la importancia de cuidar a quienes cuestionan y contradicen, y el respeto y la reverencia que merecen quienes se atreven a disentir cuando todos a su alrededor están de acuerdo.
P. D. El Gobierno presentó el presupuesto de 2027 y ha recibido un justo reconocimiento por decir la verdad sobre el tamaño del hueco fiscal. Pero sincerar las cuentas es solo el comienzo. El presupuesto presenta una brecha entre ingresos y gastos del orden de 9 puntos del PIB, que bajaría a algo más de 7 puntos si el Congreso aprobara el recorte anunciado. ¿Cómo se financiará esa brecha? ¿Cuál es la senda para los próximos cuatro años? ¿Qué señal de disciplina fiscal permitirá que el país se endeude más barato, como necesita con urgencia? Hay que tener la paciencia que exige un juego que se ha planteado en varios tiempos y del que aún no estamos completamente informados. Pero, como el desafío de ordenar las cuentas del Estado no es menor, estaría bueno que a la mesa de discusión interna se sentara una persona número 10 que cuestione, de aquí en adelante, los consensos y ayude a precisar los caminos de solución.
* Directora ejecutiva de Fedesarrollo
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